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sábado, 10 de enero de 2026

Tradescantia cerinthoides

 

   Pertenece a la misma familia y tiene muchas similitudes con la Tradescantia fluminensis, una especie que está incluida en catálogos de especies exóticas invasoras, pero la T. cerinthoides de momento parece que tiene un comportamiento diferente y suele encontrarse de forma más localizada.  



   Su origen, como la gran mayoría de especies exóticas alóctonas que tenemos en Asturias, es debido a su utilización como planta ornamental tanto en interiores como en macetas y jardines, debido a su interesante follaje y además es fácil de cuidar.



   Procedente de Argentina y Brasil, se desarrolla con facilidad en climas húmedos y luminosos y ya se han observado poblaciones asilvestradas en la región asturiana, como por ejemplo en la Campa de Torres de Gijón. Es un indicador claro de capacidad de expandirse fuera de la zona de cultivo y naturalizarse en el medio natural.



   En este aspecto es preciso tomar serias precauciones al deshacerse de los restos de esta planta, evitando arrojarlos a lugares naturales para impedir su expansión. Cualquier especie alóctona tiene el potencial de convertirse en invasora si se propaga sin control en el medio natural, desplazando a la flora autóctona.



   Es una planta herbácea y rastrera, posee tallos decumbentes o tallos que se arrastran sobre el suelo, pero con la punta curvándose hacia arriba de forma ascendente, frecuentemente genera raíces en los nudos al contacto con la tierra, así consigue su reproducción vegetativa. Las hojas son alternas con el haz verdoso y el envés purpúreo.


   Las flores se agrupan en inflorescencias axilares y terminales. Son hermafroditas y posee tres grandes y vistosos pétalos, blancos en la base y rosados en el ápice. El cáliz posee sépalos ovalados, purpúreos y con pelos blanquecinos; y envuelve la corola en antes de salir. 


   Su androceo tiene seis estambres con filamentos blancos y llamativas anteras. Florece desde abril-mayo hasta agosto-septiembre, sobre todo durante los meses más cálidos. El fruto es una cápsula dividida en tres cavidades. Hojas y flores forman un atractivo conjunto floral que llama la atención.



viernes, 2 de enero de 2026

Colleja marina, silene de mar - Silene uniflora

 

   El amplio y diverso género de las Silene está formado por plantas excesivamente variables. En algunas ocasiones los continuos cambios originan subespecies y con el paso del tiempo la tendencia versátil e inestable de estas plantas las convierte en especies botánicamente muy parecidas pero diferentes.


   La ´Silene uniflora` fue catalogada con anterioridad como ´Silene vulgaris subsp. marítima`, la taxonomía actual la identifica como una especie independiente, propia de zonas costeras, habitando en arenales, acantilados y roquedos marítimos, donde forma pequeñas matas apretadas.


   En este mismo sentido encontramos la vieja denominación de ´Silene marítima`, un utilizado sinónimo o antiguo nombre de la misma planta. ´Silene uniflora` es el científicamente aceptado en la actualidad, ambas definen una planta herbácea costera adaptada a suelos pobres y soleados.



   Se trata de una planta que desarrolla muchos tallos postrados y completamente herbáceos desde la base, pudiendo llegar a los 40 cm de altura, formando matas compactas. Posee raíz axonomorfa.



   Las hojas son carnosas, opuestas, de lineares a lanceoladas, sin pecíolo, y de color verde azulado. 



   Las flores forman una inflorescencia cimosa donde el eje principal termina en una solitaria flor, por debajo, en ocasiones, aparecen dos ramitas laterales que también acaban en flor. Llama la atención el cáliz inflado y globoso formado por cinco sépalos soldados.



   La corola posee cinco pétalos con el limbo profundamente dividido en dos lóbulos, habitualmente son de color blanco y se superponen entre sí. El aspecto floral en forma de estrella, es una característica singular de esta Silene. Florece desde marzo-abril hasta agosto-septiembre.


   El fruto es una cápsula globosa que contiene abundantes, pequeñas y ligeras semillas en su interior, las cuales se dispersan principalmente por el viento, un factor constante en las zonas costeras y acantilados marinos. También pueden ser dispersadas por el agua.


   Esta planta halófila, en griego ´amante de la sal`, crece abundantemente en los roquedos y arenales costeros de Asturias, a lo largo del litoral, formando parte de comunidades vegetales que soportan la salinidad, adaptándose para tolerar o incluso necesitar el sustrato salino para su desarrollo.


   En cualquier paseo por caminos cercanos a las orillas de los acantilados de la costa asturiana resulta agradable contemplar matojos de esta planta al borde de las rocas disfrutando de la brisa marina.